Eduardo Gómez realizaba excepcionalmente el trayecto de Quintela a Cumial cuando decidió parar el servicio ante los sollozos de una viajera. El la acompañó al centro de salud más cercano. “Es lo que haría cualquier persona”.

Eduardo Gómez lleva siete años trabajando en los Urbanos de Orense. Le conocen como “Gómez”. “Ya había uno con el mismo nombre, así que a mí por el apellido”, bromea. Habitualmente conduce los autobuses que cubren el trayecto hasta el hospital, una línea en la que colecciona anécdotas e historias personales. A veces, tristes. El pasado fin de semana, a Gómez le tocó la línea 33 de Quintela a Cumial. El gesto que tuvo con una pasajera y que le obligó a parar el servicio sorprendió, para bien, al resto de viajeros. Él también se sorprende, pero “porque es lo lógico, lo que haría cualquier persona. Ayudar”.

A la altura del Parque San Lázaro, la viajera anónima comenzó a llorar. “Un sollozo como el de los niños. Piensas: ‘Le han dado una mala noticia en el bus’. Pero dos paradas más, la mujer seguía llorando y llorando… Así que paré”. Ante lo que intuyó como una crisis de ansiedad de la pasajera y muy cerca del centro de salud de A Ponte, el chófer frenó para echar una mano. “Avisé a todos los viajeros que iba a parar. Les pareció bien. Venía otra línea detrás y el compañero se ocupó de que subiesen. Yo me quedé con la señora, que solo decía estar muy triste y no dejaba de llorar”.

El conductor del autobús tranquilizó a la mujer, de la que no se sabe su nombre, y la llevó hasta el centro de salud de A Ponte. “Ella quería irse a casa, pero logré convencerla y también llamó a su marido. Es que estaba muy nerviosa. Hasta tuve que hablar por ella con los de administración y con el médico. Ella no quería decir nada”. Cuando supo que la mujer estaba bien, se fue. “No es la primera vez –relata-. Te pasan cosas extrañas. Pero esto es algo normal a lo que no le di importancia, por eso me sorprende que los viajeros lo hayan contado. Si alguien se siente mal, le echas una mano y punto. Es verdad que nos toca ser psicólogos, es como los peluqueros. La gente se sienta y te cuenta”.

Gómez no esperaba ningún reconocimiento ni ninguna llamada, pero estas cosas pasan: “Al cabo de unos días, la persona suele llamar para dar las gracias cuando pasan situaciones como esta. Yo creo que hice lo que debía, parar el servicio para dedicarme a la mujer”.

En Mobility ADO, estamos orgullosos de tener colaboradores como Eduardo Gómez.

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